¿Tu hijo respira por la boca, tiene los dientes apiñados o te preocupa cómo le está creciendo la mandíbula? La ortodoncia infantil corrige a tiempo las alteraciones de los dientes y los huesos maxilares mientras el niño crece, cuando los tratamientos son más sencillos y los resultados suelen ser mejores.
A continuación, te explicamos a qué edad conviene hacer la primera visita al ortodoncista, qué tipos de tratamiento existen y qué señales indican que tu hijo podría necesitarlo, para que decidas con toda la información.
La ortodoncia infantil es el área de la odontología que se encarga de corregir la posición de los dientes y guiar el crecimiento de los huesos maxilares (el maxilar superior y la mandíbula) durante la infancia.
A diferencia de la ortodoncia en adultos, que se centra en mover dientes ya erupcionados, en los niños aprovechamos que los huesos están en pleno desarrollo para corregir muchas alteraciones de forma más sencilla.
Esto convierte a la ortodoncia infantil en una herramienta muy útil para tratar a tiempo una maloclusión (una mala relación entre los dientes o entre los maxilares) y prevenir problemas que, más adelante, requerirían soluciones más complejas.
La primera visita al ortodoncista se recomienda alrededor de los seis años. Por lo general, a esa edad ya han erupcionado los primeros molares permanentes, lo que permite valorar la mordida y detectar posibles problemas de los huesos mientras todavía son fáciles de guiar.
Es la edad que aconsejan las principales asociaciones de ortodoncia, como la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO). Aunque cada niño evoluciona a su ritmo, esta orientación por edades ayuda a entender qué se hace en cada etapa:
Conviene recordar que no hay que esperar a que se complete el recambio dental para acudir por primera vez al ortodoncista: la mayoría de las alteraciones se corrigen mejor cuando el hueso todavía está creciendo.
Durante la infancia, los huesos maxilares están en pleno crecimiento y son mucho más fáciles de guiar. Esto permite, por ejemplo, ensanchar un paladar estrecho sin cirugía, algo que en el adulto, con el paladar ya fusionado, no es posible.
Cuando el crecimiento termina, hacia los 16 o 18 años, las alteraciones más importantes de los huesos solo pueden corregirse combinando ortodoncia con cirugía. Por eso, tratar durante la niñez suele suponer procesos más cortos y menos invasivos, y ayuda a evitar intervenciones mayores en el futuro.
Profesionales dedicados a la ortodoncia desde hace más de 15 años
Los tratamientos de ortodoncia infantil se adaptan a la edad del niño y al tipo de alteración. En términos generales, se agrupan en tres tipos, según la etapa de crecimiento en la que se actúe.
Se aplica en los más pequeños, entre los cuatro y los seis años. Su objetivo es evitar que aparezcan problemas: se corrigen hábitos como la succión del dedo pulgar o el uso prolongado del chupete y se colocan mantenedores de espacio si se pierde un diente de leche antes de tiempo, para que los definitivos tengan sitio.
Se realiza entre los seis y los 11 años, durante el recambio dental. Actúa sobre los huesos maxilares que están creciendo para corregir su desarrollo antes de alinear los dientes. Es la etapa en la que se emplean aparatos como:
Se coloca a los 11 o 12 años, cuando ya han salido los dientes permanentes, y se centra en alinearlos y ajustar la mordida. Las opciones más habituales son los brackets y los alineadores transparentes.
Solo una revisión con el ortodoncista puede confirmarlo, pero hay señales que conviene vigilar. Presta atención si tu hijo:
Muchos de los motivos por los que un niño necesita ortodoncia tienen que ver con la forma en que encajan sus dientes y sus maxilares. Estos son los más frecuentes:
La forma en que un niño respira, así como algunos de sus hábitos, influyen directamente en el desarrollo de su boca y de su cara. Cuando respira habitualmente por la boca en lugar de por la nariz, la lengua no apoya en el paladar como debería, y esto puede favorecer un paladar estrecho, apiñamiento y una mordida alterada.
Algo parecido ocurre con hábitos como chuparse el dedo pulgar, el uso prolongado del chupete o la deglución atípica (tragar empujando la lengua contra los dientes). Estas costumbres, mantenidas en el tiempo, pueden modificar la posición de los dientes y el crecimiento de los maxilares. Identificarlos pronto permite corregirlos antes de que dejen huella.
Más allá de conseguir una sonrisa más alineada, tratar a tiempo aporta ventajas para la salud y el bienestar del niño:
La primera visita es sencilla y, sobre todo, sirve para conocer el caso. El ortodoncista explora la boca del niño y, si lo necesita, toma radiografías o registros para valorar cómo están los dientes y los huesos. A partir de ahí, te explica si conviene esperar y vigilar su evolución o empezar algún tratamiento.
Para que tu hijo llegue tranquilo, ayuda explicarle que solo van a mirarle la boca. En las clínicas dentales Moonz estamos acostumbrados a tratar a niños y cuidamos cada visita para que sea una experiencia agradable, para que cojan confianza desde el primer día y evitar que desarrollen miedo al dentista.
El precio de la ortodoncia infantil depende de cada caso, así que solo puede concretarse después de una valoración. Influyen sobre todo el tipo de tratamiento y de aparato, la duración y la complejidad de la alteración que haya que corregir.
En las clínicas Moonz valoramos a tu hijo en una primera visita gratuita y, a partir del diagnóstico, te damos un presupuesto claro y adaptado a lo que necesita. Además, contamos con planes de financiación para que puedas afrontar el tratamiento con mayor facilidad.
Depende del tipo de tratamiento y del caso. Por lo general, puede ir desde unos seis meses hasta alrededor de dos años: los tratamientos interceptivos suelen ser más cortos y los correctivos con brackets o alineadores, algo más largos.
Lo habitual es colocarlos hacia los 11 o 12 años, cuando ya han salido los dientes permanentes y los huesos maxilares están más desarrollados.
Tu hijo puede notar algunas molestias leves los primeros días después de colocar o ajustar un aparato, algo que suele remitir en poco tiempo. Los aparatos actuales están pensados para que el niño esté lo más cómodo posible.
Sí. Al finalizar el tratamiento se colocan retenedores para mantener los dientes en su nueva posición, ya que tienden a moverse y volver a la posición anterior con el paso del tiempo. Los retenedores pueden ser fijos (barra metálica cementada en la parte posterior de los dientes) o removibles (férulas transparentes confeccionadas a medida).
Algunas maloclusiones leves pueden no ir a más, pero otras se complican con el crecimiento y acaban necesitando tratamientos más largos o, en los casos de alteraciones más severas en los huesos, cirugía en la edad adulta. Por eso, sea cual sea el caso, conviene realizar una revisión temprana que permita decidir con criterio.
Si crees que tu hijo podría necesitar ortodoncia, lo mejor es consultarlo cuanto antes. En Moonz contamos con un amplio equipo de odontopediatras y ortodoncistas, acostumbrado a tratar a niños de todas las edades, y te ofrecemos una primera visita gratuita para que nos conozcas y resuelvas tus dudas antes de tomar cualquier decisión.
El doctor Rodrigo Villaverde es licenciado en Odontología por la Universidad de Salamanca y cuenta con un máster en Ortodoncia y Ortopedia Dentofacial por el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. Además, cuenta con certificaciones en los principales sistemas de ortodoncia invisible, como Invisalign y Spark.